5 Preguntas de Diario, para Ayudarte a Entender (y Manejar) el Comer por Estrés
- Bee Balanzategui
- 7 ago
- 3 min de lectura

¿Podemos hablar un momento sobre el comer por estrés?
Porque si estas entre edades de 40 y 50 años, es muy probable que ya te hayas dado cuenta de que el estrés no desaparece mágicamente con la edad. Si acaso, solo cambia de forma.
Tal vez estás equilibrando el trabajo, los hijos, los padres que envejecen, las relaciones, las hormonas, o simplemente cargando con el peso de ser siempre la persona de la que todos dependen. Y a veces, después de pasar todo el día cuidando de los demás, la comida se convierte en lo único que se siente reconfortante.
Eso no significa que seas débil y definitivamente no significa que hayas fallado. La verdad es que tu cerebro solo está tratando de ayudarte a sentirte mejor.
La comida trae consuelo y alivio. Especialmente después de años de vida, estrés y responsabilidades, tu cerebro aprende: “Oye, esto ayuda. Hagamos eso de nuevo”.
Así que si alguna vez te has preguntado: “¿Por qué sigo haciendo esto?”, quiero que sepas que no estás rota y que no tienes que pelear contra ti misma.
A veces, lo más útil que podemos hacer es frenar un poco y ser curiosos en lugar de enojarnos con nosotros mismos. Ahí es donde escribir en un Diario puede ser tan útil.
Aquí tienes cinco preguntas a las que puedes volver cada vez que aparezca el comer por estrés:
1. “¿Qué estaba sintiendo justo antes de querer comer?”
Solo párate un segundo y rebobina. ¿Pasó algo?
¿Estabas frustrado/a? ¿Solo/a? ¿Abrumado/a? ¿Cansado/a? Tal vez finalmente te sentaste después de cuidar de todos los demás todo el día y de repente sentiste el peso de todo.
Muchas veces, el impulso de comer no se trata realmente de la comida, sino de las emociones, y simplemente nombrar esas emociones puede ayudarte a entenderte un poco mejor.
Lo importante aquí es no juzgar. Solo reflexiona, míralo desde una vista de pájaro, porque la conciencia es donde comienza el cambio.
2. “¿Qué necesito realmente en este momento que la comida está tratando de reemplazar?”
Esta es grande, porque a veces lo que anhelamos no es chocolate ni papas fritas. A veces anhelamos descanso, consuelo, un abrazo, o un descanso de tomar decisiones por todos los demás.
Tal vez solo necesitamos que alguien nos cuide.
Así que pregúntate:
“Si la comida no pudiera resolver esto, ¿qué me ayudaría realmente a sentirme apoyado/a en este momento?”
No debes tener la respuesta perfecta, pero solo hacerte la pregunta ya importa.
3. “¿Cómo me sentí después de comer… y qué podría haberme ayudado a sentirme mejor en su lugar?”
Esta pregunta no se hace para avergonzarnos. Lo que estamos tratando de hacer es aprender.
¿Comer ayudó por un rato?
¿El estrés volvió de inmediato?
¿Hubo algo más que también podría haber ayudado?
Tal vez una ducha caliente, una caminata alrededor de la cuadra, llamar a un/a amigo/a o incluso prepararte una taza de té y sentarte diez minutos.
Esto no se trata de intentar ser perfecto/a. Solo te estás dando más herramientas además de la comida.
4. “¿Qué situaciones o momentos del día hacen que el comer por estrés sea más probable para mí?”
La mayoría de nosotros/as tenemos patrones. Por ejemplo, tal vez las noches son difíciles porque finalmente todo se calma y tu mente te alcanza. Tal vez es a media tarde cuando estás agotado/a. Tal vez es después de ciertas conversaciones o cuando te sientes solo/a.
Sea lo que sea, prestar atención no se trata de culparte. Es momento de entenderte, porque cuando conoces tus patrones, puedes prepararte para ellos con amabilidad en lugar de depender solo de la fuerza de voluntad.
5. “Si me tratara como a alguien a quien amo, ¿cómo se vería eso en este momento?”
¿Puedo decirte algo? Creo que esta podría ser la pregunta más importante de todas, porque mucha gente no solo lucha con el comer por estrés. Lucha con castigarse después. Pero en realidad, ser dura contigo mismo/a probablemente nunca ha sanado nada.
La amabilidad puede verse como tomarte una siesta, decir que no a una cosa más, o sentarte en el porche a ver el atardecer.
Y tal vez sea comerse la galleta… y disfrutarla sin castigarte después. No necesitas más culpa, necesitas apoyo, especialmente de ti mismo/a.
El comer por estrés no es una prueba de que estás fallando, es una señal. Es tu mente y tu cuerpo diciendo: “Oye, algo se siente pesado ahora mismo, y necesito un poco de cuidado”. Y cuando dejas de tratarte como al enemigo y empiezas a escucharte con curiosidad, las cosas empiezan a cambiar.
Poco a poco, dejas de pelear contra ti mismo/a y empiezas a entenderte.
Y honestamente… ahí es donde comienza la sanación, no por la perfección ni por más reglas. Es con compasión, y tú mereces mucha de ella.


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